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| Ngozi Iwere participando en la Marcha por la Vida de las Mujeres en abril de 2004. |
Justicia, comunidad y espiritualidad:
Una conversación con la activista nigeriana Ngozi Iwere
La feminista nigeriana Ngozi Iwere ha pasado los últimos 30 años forjando alianzas por la justicia de género ahí donde otras personas sólo han encontrado obstáculos. Inicialmente se involucró en organización política cuando era estudiante en la década de 1970 y más tarde fue una de las integrantes originales de la Sociedad de Mujeres contra el SIDA en Nigeria (SWAAN) y de Mujeres en Nigeria (WIN), uno de los primeros grupos feministas en ese país. En 1992, Ngozi fundó el Proyecto de Vida Comunitaria (CLP) en el vecindario de Isolo en Lagos, la ciudad más grande de Nigeria. Basándose en la creencia de que la comunidad ya cuenta con las organizaciones, redes y recursos que se requieren para efectuar un cambio social positivo y sostenible y promover la salud individual y familiar, el CLP se asocia con familias, parejas, asociaciones comerciales, iglesias, mezquitas, hospitales y escuelas, ofreciendo programas educativos sobre salud, género, bienestar, derechos humanos, matrimonio, sexualidad, comunicación y proyectos de vida, entre otros temas. Ngozi es también en Nigeria una de las cuatro co-coordinadoras de la Campaña contra el Embarazo no Deseado (CAUP), el grupo líder que aboga por un mayor acceso al aborto seguro en este país, donde las leyes restrictivas sobre el aborto provocan que cientos de miles de mujeres busquen cada año los servicios de proveedores no calificados e ilegales. Después de viajar a los Estados Unidos a fin de participar en la Marcha por la Vida de las Mujeres en abril de 2004, Ngozi conversó con la IWHC para reflexionar sobre sus orígenes y éxitos, además de sus pasadas y actuales luchas como activista por los derechos de las mujeres y la justicia social.
Andrea Lynch, IWHC: ¿Cómo te involucraste en la lucha por los derechos de las mujeres en Nigeria?
Ngozi Iwere: No puedo recordar cuándo por primera vez tomé conciencia de mí misma como mujer que vive en una sociedad en la cual las mujeres son explotadas y oprimidas. Creo que esa conciencia surgió simplemente del hecho de vivir en esa sociedad y ver lo que ocurre en las familias y las familias extendidas. No me involucré oficialmente en los asuntos de las mujeres sino hasta que empecé a participar en forma activa en la lucha por la descolonización de África en mis años de estudiante. Ser parte de esa lucha ayudó a que yo adquiriera una conciencia radical acerca de los derechos de las mujeres, debido a todos los debates que estábamos teniendo en la década de 1970 sobre cómo hacer para transformar la sociedad. En esos tiempos había dos grandes cuestiones: la cuestión nacional y la cuestión de las mujeres. Fue así como entonces se presentaban en la ideología de la izquierda. Y por supuesto yo estaba muy interesada en el papel de las mujeres en la lucha por la autodeterminación nacional—¿qué ocurre después con ellas?
AL: ¿Puedes decir más sobre las relaciones de los movimientos de mujeres con otros movimientos sociales y políticos, sobre todo en los contextos postcolonial y post-dictadura?
NI: A mi criterio, no puedes tener un movimiento de mujeres que de hecho logre llevar a las mujeres adonde quieren estar en la sociedad sin ser arte y parte de la lucha más amplia por los derechos humanos y por el acceso de todas las personas de la sociedad a los recursos. Al mismo tiempo, no es posible tener un movimiento que quiera hacer realidad la justicia socioeconómica o sociopolítica para los miembros más débiles de la sociedad, las clases más bajas, sin poner en la agenda los derechos de las mujeres. Es una verdadera lucha porque ahora, casi 30 años después, esas divisiones aún existen en la forma en que trabajamos y en cómo nos organizamos.
AL: ¿Cuáles te parece que son otros grandes desafíos que hoy enfrentan las mujeres y los movimientos feministas?
NI: Pienso que la inseguridad es uno de los mayores enemigos que enfrentamos en el ámbito del desarrollo social en general—esta inseguridad que tenemos, en parte porque el movimiento se ha movido. Lo he visto moverse desde la década de 1970 hasta ahora; ha pasado de ser una causa a convertirse una carrera y una profesión. En los años setenta eras feminista porque eras mujer, porque era una causa en la que deseabas invertir tu energía, tus recursos, y en la que querías participar toda tu vida, porque querías que la justicia social se hiciera realidad en la sociedad. Y he visto este giro, de ser simplemente una causa y una vocación hasta llegar a ser una carrera. Ahora es un empleo, una posición, y pienso que parte del desafío que enfrentamos es lidiar con la inseguridad personal que se deriva de ese giro-se trata de mi trabajo, mis medios de subsistencia, mi futuro.
En relación con esto, también creo que tiene que haber mucha más tutoría que la que estamos haciendo ahora. En estos tiempos, una buena parte de los esfuerzos se está centrando en la salud reproductiva de las adolescentes, y yo tengo mis preocupaciones al respecto. Parece como si siempre hay algo nuevo que vendrá a resolver los problemas del mundo, de modo que todos los recursos y programas van dirigidos a ello, pero mañana será algo más. De modo que ahora se está dando mucha atención a la salud reproductiva de las adolescentes, pero ese movimiento también le ha sacado el aire al aspecto político de la salud sexual y reproductiva. Hemos llegado a centrarnos mucho en la salud, estamos decididas a asegurar que las adolescentes reciban educación sobre la sexualidad, tengan acceso a servicios y todo eso, pero en lo que se refiere a conciencia política no creo que se esté prestando suficiente atención a propiciar que la gente joven sea parte del movimiento por los derechos y el movimiento por la salud de las mujeres.
AL: ¿Qué te inspiró a iniciar el Proyecto de Vida Comunitaria (CLP)?
NI: A principios de los años ochenta me involucré en Mujeres en Nigeria (WIN), un grupo activista por los derechos de las mujeres y organización feminista que también contaba con participación de hombres. Fui una de las fundadoras de WIN, inicié el capítulo en el estado de Kano y a mediados de esa década fui la secretaria coordinadora nacional. Pero aun en esos tiempos sentía que centrarnos sólo en las mujeres nunca produciría el tipo de transformación radical de las condiciones del género femenino que visualizábamos para Nigeria—ya fuera que estuviéramos hablando sobre el patriarcado, o de nuestras relaciones con los hombres, o nuestra capacidad de ejercer nuestros derechos reproductivos, o bien de la de alcanzar la salud reproductiva. Centrarnos en las mujeres o en un único asunto no iba a conseguirlo—necesitábamos trabajar con hombres, con gente joven y mujeres, todo a la vez. Yo sentía que sólo adoptando una perspectiva comunitaria íbamos a poder generar el ambiente sociocultural necesario para que una mujer afirmara o expresara plenamente su ser mujer.
No obtuve mucho apoyo a esta idea entre mis colegas que se dedicaban a los derechos de las mujeres, de modo que inicié el Proyecto de Vida Comunitaria (CLP) en parte por frustración. Pensé que si se establecía una intervención que demostrara claramente que un cierto enfoque funcionaba, entonces sería más fácil involucrarnos en los debates y diálogos sobre lo que era necesario, ya que habría un modelo al que podríamos referirnos. Inmediatamente, el desafío para mí fue establecer este modelo. Era impulsado por muchas cosas, entre ellas la frustración que yo sentía respecto al modelo de desarrollo que teníamos en Nigeria en general. Provengo de una tradición de activismo político que trabaja por la transformación de la sociedad para todos los miembros vulnerables de ésta, especialmente quienes no tienen nada y aquellas personas que están fuera de los canales regulares de comunicación, y los miembros débiles de la sociedad en general, de quienes las mujeres constituyen por supuesto una gran parte. Es por ello que el CLP está basado en estas secciones de la sociedad que se encuentran fuera de los canales regulares de comunicación.
AL: ¿Cómo involucra el CLP a toda la comunidad en sus esfuerzos por generar cambios?
NI: Nos acercamos a la gente a través de sus redes, sus actuales afiliaciones, como un proceso de pares, de manera que esas redes luego refuercen las conductas que estamos enseñando. Vamos a los sindicatos, a la asociación, a la compañía o al grupo de iglesia y les preguntamos en qué quieren educarse; luego les brindamos la información que han pedido. Abordamos asuntos difíciles y temas que son tabú; les enseñamos a las personas lo que quieren aprender a manera de reunirlas, no de separarlas. De esta forma hemos sido capaces de ampliar la frontera de los derechos sexuales y reproductivos para toda la gente sin enfocar el asunto directamente, lo cual generaría resistencia y desacuerdo. Este enfoque ha producido algunos resultados sorprendentes.
Por ejemplo, fuimos a hablar con un grupo conformado sólo por hombres que reparaban neumáticos; les preguntamos qué realmente querían saber y respondieron que les interesaba saber sobre la lactancia materna. Esto nos sorprendió, pero en verdad deseaban conocer más de esto, por sus hermanas, sus esposas e hijas. Era algo en lo que ellos querían ser capaces de educar a las mujeres en sus vidas y en lo que deseaban participar. Entonces les dimos educación sobre la lactancia materna y así pudimos enfocar una serie de asuntos en torno a la reproducción, la paternidad y maternidad, el embarazo; también mostrarles formas apropiadas en que ellos podían participar en la lactancia materna e introducirlos a ese aspecto de la maternidad y de las vidas reproductivas de las mujeres. El hecho de que los hombres no sean capaces de amamantar no significa que no puedan estar involucrados en algo como la lactancia materna-por ejemplo, cargando a su bebé después de que ha sido alimentado para que la madre pueda descansar, dándole un biberón de leche materna, o lo que sea... Les mostramos maneras en que pueden participar que apoyan e involucran a la madre y al bebé. De esta forma los hombres se convierten en defensores y educadores en lo que atañe a la salud y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
Hemos estado trabajando con hombres desde el inicio, pues ya entonces reconocimos que no podíamos hacerlo sólo con mujeres o con gente joven—teníamos que involucrar a toda la comunidad, a la totalidad del mundo en que se desenvuelve una mujer o una persona joven. No puedes simplemente darle información a una mujer casada o a una persona joven—por ejemplo, decirle que le exija a su pareja usar el condón—o darle información sobre sus derechos en materia de sexualidad y reproducción, y esperar que ella sola cambie su propia vida. Lo que hará es ir con su esposo o sus padres, quienes no han recibido educación ni se les ha mostrado esta perspectiva; de esta forma creas una situación conflictiva y no has brindado el tipo de apoyo e involucramiento integrales que hacen sostenible el cambio de conductas a nivel tanto individual como comunitario. Si apelas sólo a un grupo o abordas un único asunto, estás propiciando conflictos. Por el contrario, tienes que asumir un enfoque holístico e involucrar a toda la comunidad, y esto significa ver a los hombres como aliados que pueden hacer aportes positivos, no como problemas o perpetradores.
AL: ¿La experiencia del CLP ha resultado ser como imaginabas que sería? En tu opinión, ¿cómo ha cambiado este enfoque las vidas de las personas, ya sea en casos específicos o en general?
NI: Creo que la experiencia del CLP realmente ha transformado mi vida. Es bueno que no entré en esto pensando que cambiaría sólo las vidas de las personas de la comunidad, ¡porque fui yo quien me transformé! Aprendí mucho sobre cuán ignorante era. Tenía muchas falsas suposiciones acerca de cuáles eran los problemas; pensé que yo sabía, y ha sido una experiencia muy gratificante conocer a las personas donde están, tal como son. Creo que nuestros resultados muestran que ésa es la manera de hacerlo si en verdad queremos que la gente se convierta en guardiana de su salud y bienestar.
Por ejemplo, el CLP siempre ha trabajado con hombres a fin de legitimar sus propias preocupaciones y necesidades de salud reproductiva, como también para ayudarlos a que ejerzan sus derechos sexuales y reproductivos en formas que no lastimen a mujeres, niñas y niños. Desde hace tiempo el CLP estaba enseñando el "ABC" [Abstinence, Be Faithful, Use Condoms / la fórmula que enseña a ser abstinente, ser fiel y usar condones], pero le dimos un enfoque diferente a la cuestión de la fidelidad. Planteábamos que a los hombres no se les puede simplemente decir que sean fieles, sino se les debería apoyar para que se den cuenta de que serlo es mejor para ellos y no sólo para sus parejas. Los hombres pueden adquirir fortaleza del hecho de optar por cuidar a las mujeres e invertir en sus relaciones con ellas-esto puede también empoderarlos.
En este proceso de explorar la fidelidad hemos aprendido que la impotencia es un enorme asunto para los hombres. Es algo de lo que quieren saber más y es además uno de los factores que los alientan a iniciar relaciones extramaritales, en particular con mujeres más jóvenes. Entonces, si no enfocas este tema con ellos, si no le prestas atención, si no brindas información y no creas un espacio donde los hombres puedan compartir sus temores y frustraciones, el problema se hace mucho más grande para toda la sociedad y tiene un impacto negativo en más personas que solamente un hombre. Por eso tratamos de enseñarles a ellos sobre el placer sexual en el contexto del matrimonio. Algunos dicen que no quieren ser infieles, pero que no disfrutan las relaciones sexuales con sus esposas, así que les enseñamos cómo ser mejores compañeros sexuales con ellas, a fin de aumentar tanto el placer de las esposas como el de ellos, lo cual facilita que los hombres sean fieles. Tratamos de enseñarles que la impotencia es natural, que es parte de envejecer, que no es una enfermedad o una falla, y que ellos pueden permitir que ocurra con gracia y dignidad.
En general, toda la experiencia del CLP ha sido muy fructífera, y yo me he convertido en una mejor persona de la que era al inicio. He aprendido a respetar el universo que es cada persona individual, el misterio que son los seres humanos, a quienes crees conocer porque les has visto realizando sus labores cada día. Sabes que una mujer es una vendedora en el mercado o una mecánica, y que ésta es la forma en que vive, pero ella es un completo misterio, y también una completa maravilla a ser descubierta. Trabajar como lo hacemos en el CLP nos ayuda a conectarnos a esta maravilla de diferentes personas y a la forma en que hacen las cosas, cómo usan sus zapatos y lo que hacen cuando éstos les provocan dolor. Yo adquiero fortaleza de toda esa educación, de la manera en que trabajamos.
AL: ¿Qué te sostiene como activista?
NI: Siempre he tenido una fuerte conciencia de mí misma como individua y como una persona espiritual, y siempre he mantenido un equilibrio para asegurar que no haya ningún aspecto de mí que quede rezagado. Creo que eso me ayuda a ver los desafíos desde una muy fuerte perspectiva filosófica. Me ha ayudado a ponerme a mí misma en perspectiva en relación con toda la humanidad. Soy sólo una mínima partícula que está conectada a la demás gente, a pesar de todas las divisiones que existen en el mundo, y hay un límite para lo que puedo hacer como persona—todas las personas tenemos limitaciones. Veo eso y siento que la sociedad está avanzando. A veces siento que hay mucha maldad en el mundo, pero nunca estoy en una situación en la que pueda sentirme paranoica o atemorizada por lo que veo como negativo, porque sé que muchas cosas buenas pueden resultar de algo que es aparentemente negativo en la superficie. Adentro de lo que parece ser negativo están las semillas de lo positivo, y ahí donde existe degeneración hay adentro una semilla de regeneración.
También siento la dinámica de la historia. Así como hay altibajos en una vida individual, también hay momentos desoladores de la historia, en los que yo diría que las fuerzas negativas parecen gobernar, pero luego se da también un proceso de declive, a favor de un avance de lo que es positivo en la humanidad. Así que tomo esa perspectiva, y no me voy a dormir con problemas. Al final del día, cuando llego a casa y cierro la puerta, dejo fuera todas esas cosas. Nada va a cambiar sólo porque yo dé vueltas en mi cama. Y también tengo este sentido histórico de que hacemos cosas cuando no es relevante que las hagamos: si por alguna razón yo tuviera que irme del CLP, ése será el momento acertado para renunciar al proyecto; será hora de hacer algo más para agregar valor, y tengo que ser capaz de dejar atrás lo que ahí debe quedar.
Una última cosa: lidiar con los desafíos y frustraciones también viene de identificarte con toda la humanidad, de esperar empatía y comprensión en todo momento y, por supuesto, de superar el temor-todos los temores. Hay mucha bondad ahí afuera, aun en aquellas personas que no nos gustan; hay bondad en toda la gente, así que yo abrazo la vida esperando poder conectarme con la nobleza de cada persona y en el mundo entero; eso me ayuda a hacer sólo lo mejor que pueda y dejar el resto a un lado. Y así como yo tengo mis propias limitaciones, también otros seres humanos tienen sus fallas. Ven las cosas de manera diferente a como yo las veo y no tienen por qué verlas igual que yo; no deben creer en lo que yo creo, ni yo tengo que creer en lo que otras personas creen, y así toda la gente está bien para mí.
Como activista, para mí lo principal en la vida es reducir el daño que pudiéramos hacernos unas/os a otras/os conforme vivimos nuestras creencias: ¿cómo minimizamos los daños o el dolor que provocamos a nuestra/o vecina/o a causa de lo que creemos, de nuestras convicciones o de la forma en que vivimos nuestras vidas?
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